martes, 14 de julio de 2020

Futbol y algo más

En 2011, conocí lo que creo yo fue la decepción y el dolor más grande que me pudo haber dado el deporte. Mi equipo, el amor más puro y sincero que me dio a conocer mi viejo, pasaba por su peor momento. Ese momento del que pocos se recuperan o logran superar. La banda roja en junio se convirtió en negra, dolía. Nos hicimos enemigos de esa realidad, nos lastimaba saber que ese fantasma al que todos temen hoy se hacía presente en nuestras vidas, y que nos lo iban a recordar casi por siempre.
Paso el tiempo y tuvimos que buscar la felicidad en triunfos lejanos de nuestros sueños, buscar algún abrazo silencioso y casi con vergüenza. El tiempo pasaba y la herida seguía abierta e intentamos cubrirla con los escasos gritos de gol, esas idas a canchas en el interior, pero llorábamos cada vez que veíamos copas internacionales como algo que ya no nos pertenecía. Veíamos al clásico rival crecer como nunca, haciéndose cada vez más fuerte, pero para suerte nuestra nunca más grandes que nosotros.
Volvimos, y que lindo es volver. Volvimos rodeados de gloria y desde el 2012 solo fue crecer y crecer.
Recuerdo en mediados del 2014, con la vuelta de Ramón, y la vuelta a la gloria. Campeones del torneo local, la vuelta a los abrazos, los goles y las lagrimas interminables. Me acuerdo de Cavenaghi volviendose idolo.

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